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Desplegaba la vela con los mismos gestos amplios con que otras abren el mantel sobre la mesa o la sábana sobre la cama. Vela blanca con una blanca luna bordada. Y así que oscurecía se hacía a la mar.
No llevaba redes ni anzuelos en su pequeño barco. Solamente cestos, grandes. Y en silencio, oscuridad adentro, navegaba hasta llegar al punto donde el mar es hondo como la noche.
Allí, recogida la vela, ondulando suavemente a la deriva, la joven pescadora se ponía a cantar".El anterior es el párrafo inicial de mi cuento favorito, Un cantar de mar y viento. Es uno de los 24 cuentos que integran el libro Lejos como mi querer y otros cuentos, escrito e ilustrado por Marina Colasanti.
El libro lo leí cuando tenía unos 12 años, y recuerdo que me pareció un poco extraño. No eran los típicos cuentos de hadas. De hecho, me dejó la sensación (entonces nueva para mi) de que los cuentos querían decir algo más de lo que aparentaban. Obligaban a pensar, a buscar un significado más profundo e incluso más oscuro debajo esa superficie de oraciones delicadas y de imágenes bien armadas. A los 12 años esto se me antojó un poco tenebroso, y por muchos años el libro permaneció olvidado.
El joven sin rostro, por ejemplo, habla precisamente de eso: de un joven sin rostro que encuentra su identidad en un ser querido. Sin alas, no obstante cuenta la breve historia de una mujer que aprendió a ver más allá de lo estrictamente necesario. En Las ventanas sobre el mundo leemos acerca de un rey que se pregunta de qué sirve tener un castillo con 365 ventanas si sólo se asoma a una de ellas.
Sin embargo, Un cantar de mar y viento me pareció el más enigmático. Una pescadora despierta la envidia de los demás pescadores de su aldea. Para vengarse de ella, deciden hacerla naufragar. El mar, que siempre la ha favorecido, la lleva a un palacio desierto en donde tiene un sueño que la llena de curiosidad y la retiene en el palacio. Cuando se le hace imposible quedarse y debe regresar a su aldea, el secreto de su sueño se revela. El problema es que se revela sólo a ella, no al lector, y las conclusiones a las que llegue el lector serán siempre personales.
De todos los libros que leí en mi infancia, este es uno de los pocos que aún conservo. Los cuentos nos sumergen en un mundo que para la mayoría de nosotros ya no existe. "...nos hablan de príncipes y princesas, castillos y ogros", como dice en la contraportada. Con un lenguaje bellísimo, sencillo y delicado narra historias que, por su humanidad, se alejan de los cuentos de hadas tradicionales.
Detalles del libro:
Título: Lejos como mi querer y otros cuentos
Autora: Marina Colasanti
Editorial Norma
Páginas: 196
ISBN: 958-04-3651-7
Mi ausencia ha llegado a su final. La razones personales (que no discutiré aquí, obviamente) que me han mantenido alejada por tanto tiempo aún no se han ido, pero creo conveniente mantener vivo este blog.
Hace unos días terminé de leer Alta Fidelidad, de Nick Hornby. La trama es sencilla: un treintañero termina con su novia y elabora un flashback sistemático de su pasado, de su vida amorosa y de la cadena de malas decisiones que lo llevan a un punto muerto en su vida. Este treintañero, de nombre Rob Fleming y propietario de una tienda de discos, es tan aficionado a la música como a la elaboración de listas: las cinco rupturas amorosas más memorables (con lo que comienza el libro), sus diez discos favoritos de todos los tiempos, los cinco trabajos que le gustaría ejercer...
Por una parte, me pareció fascinante. En lo personal, siempre me he llevado mejor con los chicos, pero es la primera vez que tengo la sensación de meterme en la cabeza de uno. Como mujer que soy, sé que hay cosas que ellos nunca admitirán frente a mi. Por eso la honestidad de Rob me parece refrescante.
Laura, la ex-novia de Rob, ejerce el papel de la voz de la sensatez durante la última parte de la historia y lo ayuda a volver al mundo de los adultos. Las razones que ella tiene para replantearse su rompimiento con él y para corregir sus decisiones no me parecen convincentes, sobre todo porque Rob distó mucho de ser el novio perfecto al final de su relación.
Los empleados de la tienda, Dick y Barry, tienen personalidades muy diferentes, pero los tres aparentan ser igual de despistados. Los padres de Rob son como los padres de cualquier otro, y son, tal vez, los personajes más estereotipados del libro.
La historia es fácil de leer a pesar del constante ir y venir del flashback al tiempo presente. Lo único que me molesta un poco es el lenguaje excesivamente casual que a veces se emplea. Puede que yo sea algo estirada, pero siempre me festidió el uso de los "jaja" o "hehe" en literatura.
No quiero entrar en más detalles
por miedo a desvelar algún detalle crucial de la trama. Les dejo los detalles del libro, por si les ha entrado la curiosidad:Título: Alta fidelidad (High Fidelity)
Autor: Nick Hornby
ISBN: 84-96075-11-7
Páginas: 280
...sólo estaba un poco ocupada con asuntos de la universidad, pero ya estoy de vuelta. Al menos durante esta semana, porque ya viene la nueva tanda de trabajos y exámenes, esta vez los finales, que me dejarán con el tiempo justo apenas para respirar.
Durante este pequeño descanso terminé, al fin, de leer Don Julián y Juan sin tierra (ya había leído antes Señas de identidad y decidí ir en orden), y ya he comenzado con Los pasos perdidos de Alejo Carpentier.
Me ha costado desacostumbrarme al caos vertiginoso de Goytisolo, así que la obra de Carpentier se me antoja más intimista y... no sé, ¿normal? Digo, después de leer 700 páginas de una interesante destrucción del lenguaje, las primeras 30 de otro libro me parecen como el regreso al mundo real después de haber visitado un mundo de espejismos. No, no tiene nada de malo regresar al mundo real, pero el cambio me parece demasiado brusco.
Las primeras páginas de Don Julián se me antojaron pesadas, difíciles de leer en aquella estructura que me pareció desordenada en su momento. El léxico es rico, sí, pero complejo, y muchas veces me aburrí de no avanzar en mi lectura por buscar palabras en el diccionario. Otras veces me perdí: ¿de quién estaba hablando? ¿de Álvaro? ¿y quién es Julián? Todavía sigo creyendo que no puse suficiente atención, o que no entendí bien el libro o que me salté páginas importantes para comprender.
Me he propuesto profundizar mis conocimientos de literatura latinoamericana. Sí, he leído a García Márquez, a Cortázar, a Sábato, a Neruda, a Asturias, a Mistral y a otros más que se leen en todas las aulas en América Latina, pero me falta. Comencé esta semana con Carpentier, pero después no sé por dónde agarrar.
Aunque no tenga nada que ver, creo que sería bueno informar que he estado subiendo mis fotos de la universidad en Flickr. No tengo mucho talento para la fotografía, pero eso es lo mejorcito que he sacado en tres prácticas y un fotoreportaje.
Cedí a la tentación, a la presión social, o más bien a la curiosidad. Había visto ya todas las películas por mera casualidad, tenía amigas que habían leído toda la serie y yo me preguntaba qué tenía de especial. Así que fui a la biblioteca, digité Harry Potter en el buscador y lo encontré. Escribí la clasificación y caminé hacia la Colección Juventud, donde estaba localizado mi libro. Encontrarlo no fue difícil. Eso sí, no pude evitar sentir un poco de vergüenza cuando salí del cuartito, libro en mano y carné en el bolsillo, dispuesta a llevarlo a casa.
No sé por qué sentí vergüenza. Hace poco saqué de la biblioteca el libro Historia de la literatura gay sin ningún complejo ante cualquier mirada extraña. Sin embargo, llevaba el primer libro de la serie de Harry Potter escondido entre un cuaderno para que nadie me viera, como si fuera uno de esos pecados en los que he dejado de creer.
En fin, lo traje a casa, comencé a leer, pero me detuve en la página 15. El partido de fútbol que escuchaba por la radio me parecía más interesante que aquella historia que se me antojaba pueril. Era la atmósfera general del libro, del ambiente que describía, lo que me hacía sentir como si leyera un libro para niños. El tono condescendiente del narrador me aburría y me hacía sentir subestimada. No podía evitar escuchar esa voz forzada y exagerada de los lectores de cuentos infantiles.
Hice un esfuerzo por seguir leyendo, pero mi opinión no cambió. Lo dejé en la página 50, y lo devolví esa mañana. En cambio, Juan Goytisolo atrajo mi curiosidad y unos libros de gramática y sintaxis me esperan en mi escritorio (no puedo escribir bien si no comprendo cómo funciona el lenguaje).
Aún no comprendo de dónde viene el gran interés que han despertado los libros de Harry Potter en personas mayores, jóvenes adultos como yo y gente de mayor edad. Tal vez algunos pueden ignorar los errores formales y centrarse en el contenido de la historia, supongo. Yo no.
Para gustos, los colores.
Precioso. Mi favorito. ¿Por qué? Porque dice todas las cosas que yo aún no he encontrado cómo decir. Tiene ese algo que yo no tengo. No sé qué, pero eso es lo que me falta. Genialidad, tal vez. Talento. Ingenio. Valor. ¿Miseria? Saber con exactitud lo que se quiere transmitir. Utilizar el lenguaje más exacto posible para recrear un mundo lleno de sombras y de ambigüedades.
El Leteo
Ven a mi corazón, alma cruel y sorda,
tigre adorado, monstruo de aires indolentes,
ha mucho que quiero sumergir mis dedos temblorosos
en la espesura de tu tupida cabellera;
en tus enaguas llenas de tu perfume
sepultar mi cabeza dolorida,
y respirar, como una flor marchita,
el suave hedor de mi difunto amor.
¡Quiero dormir!, ¡dormir más que vivir!
En un sueño tan dulce como la muerte,
pondré mis besos sin remordimiento
en tu bello cuerpo bruñido como el cobre.
Para hacer desaparecer mis apagados sollozos,
nada me vale tanto como el abismo de tu lecho;
el poderoso olvido habita en tu boca
y el Leteo fluye en tus besos.
A mi destino, en adelante mi deleite,
obedeceré como un predestinado;
dócil mártir, condenado inocente,
cuyo fervor aviva el suplicio,
libaré, para ahogar mi rencor,
el nepente y la buena cicuta
en los extremos encantadores de estos pechos agudos
que nunca han contenido un corazón.
-Charles Baudelaire, Las flores del mal.
"La mujer es lo contrario del dandi. De modo que debe producir horror. La mujer tiene hambre y quiere comer, tiene sed y quiere beber. Se encuentra en celo y quiere ser jodida. ¡Menudo mérito! La mujer es natural, es decir, abominable". - Charles Baudelaire.
A ver, ¿qué mujer no se lo tomaría a pecho? Aunque trato de ignorar y de concentrarme en el libro (Las flores del mal), no puede dejarme de parecer incómodo que me sienta insultada por un tipo que murió hace más de 100 años.
No sé cómo puedo sentirme atraída por la figura del dandi y por esa serie de ideas que pregonaban: por un lado la sublime elegancia de aquel que no desea tener nada que ver con el deprimente utilitarismo moderno, por otro lado esa ofensiva misoginia que me impide dejarme llevar del todo por ese modo de vida. Me cuesta simpatizar del todo con alguien que piensa que soy estúpida sólo porque soy mujer.
Puede que eso haya cambiado con el tiempo y que el desprecio hacia las mujeres se haya moderado, pero los modelos históricos de este movimiento (si es que se es válido llamarlo así), aunque fascinantes, no mostraban mucha tolerancia. Y aún así, Oscar Wilde era muy querido por las mujeres, según lo que he leído en una biografía.
Terminé de leer À Rebours. No recuerdo dónde leí una reseña de este libro, pero no tenía nada que ver. Según esa reseña, Des Esseintes se muda al castillo de Lourps con su esposa enferma hasta que un médico lo obliga a regresar a París por sus problemas de salud.
¿Qué me pareció el libro? Excesivo a veces, fascinante, distinto a lo que hasta ahora había leído en mi corta vida. La descripción de uno de los sueños de Des Esseintes, su progresiva enfermedad, la atmósfera cambiante que depende de su estado mental, me han parecido los momentos más memorables del libro. Me impresiona un poco cómo se las arregló Huysmans para lograr una cohesión dentro del libro sin una narración tan obvia, cómo fluye la historia sin centrarse todo el tiempo en acciones ni diálogos, sino en descripciones y reflexiones. Sin que el lector se de cuenta, la historia progresa.
Además, aprendí qué significa tiovivo.
"No me daba cuenta de que todo es misterio, de que vivimos en pleno misterio, y que, si el azar existiera, sería todavía más misterioso que la Providencia" - Joris-Karl Huysmans en su Prólogo para Á Rebours.
Llevo poco más de cien páginas leídas de este libro (todavía estoy en el prólogo), pero ya estoy fascinada. Después de una buena inyección de poesía, ya era tiempo de encontrar algo en prosa, para variar. No sé cuál es mi fascinación por la literatura del fin de siècle. Sí, ya se que Keats es algo anterior a ese período, pero no se puede le puede dejar de leer.
La lista de libros es más o menos así:
- John Keats - Sonetos, odas y otros poemas (a devolver el lunes 14)
- Joris-Karl Huysmans - A contrapelo
- Charles Baudelaire - Las flores del mal
- Christopher Marlowe - El judío de Malta y Eduardo II (los tres a devolver el 25 de agosto)
- Charles Baudelaire - Cuadernos de un disconforme (una recopilación de textos que no me voy a molestar en leer, también para devolver el 14)
No sé qué haría sin la biblioteca de la universidad.